Conoce Quiénes Somos y a Nuestro Fundador
Nestor Romero es el corazón visionario y el ancla espiritual de One Love Family Foundation, una iniciativa consagrada a despertar el potencial humano y a nutrir comunidades enraizadas en el amor, la soberanía y el servicio sagrado.
Nacido en Colombia y criado en Estados Unidos, sus primeros años estuvieron profundamente marcados por su conexión con la naturaleza y el mundo animal, así como por la pobreza y la desigualdad que presenció a su alrededor. Desde niño llevó consigo el llamado de servir a la humanidad, un llamado que lo condujo tanto a la educación superior como al servicio militar. Sus años de servicio le dieron la oportunidad de viajar por el mundo, ampliar su perspectiva y cultivar un hondo respeto por la resiliencia y la sabiduría que se encuentran en culturas diversas.
El camino de Nestor también ha estado marcado por desafíos personales profundos, entre ellos su valiente lucha contra el cáncer. Aquella experiencia fue una iniciación transformadora: profundizó su fe, fortaleció su luz interior y afirmó su compromiso de caminar como testimonio vivo de perseverancia, sanación y gracia.
A través de estas experiencias de vida, Nestor se ha convertido en un puente entre las tradiciones de sabiduría ancestral y las formas modernas de servicio. Guía desde una encarnación profunda de la Consciencia de Unidad, representando al Divino Masculino, e inspira a otros a vivir con autenticidad, a encarnar la verdad de su alma y a servir con integridad sagrada. Su visión es despertar el recuerdo de la sabiduría que honra a la Tierra, el despertar del potencial humano y la co-creación de comunidades armoniosas y prósperas.
Hoy, Nestor sigue guiando a One Love Family Foundation con claridad, compasión y una dedicación inquebrantable. Como maestro, líder y custodio de la unidad, lleva adelante los códigos de la transformación, animando a todos los seres a reconocer su esencia divina y a aportar sus dones únicos al servicio de la humanidad y de la Tierra.
Nestor también es abuelo, y eso le ha dado horizonte a este trabajo. Ha dedicado todos sus proyectos futuros a dejarles a nuestros nietos — y a todas las generaciones que vienen — un mundo mucho mejor que el que recibimos.
Estamos aquí para ayudar a la humanidad a pasar de sobrevivir a florecer.
La mayoría de nosotros apenas está tratando de salir adelante — desgastados por el peso de la vivienda, la comida, el ingreso y algo tan sencillo como pertenecer. Queda poco espacio para crecer, y menos aún para ayudar a otro a crecer.
El verdadero alivio comienza con la comunidad.
Bebemos de tradiciones de sabiduría que han dado forma a la vida humana durante milenios — los textos gnósticos, junto con los Suttas budistas y las enseñanzas ayurvédicas, indígenas y contemplativas. Despojadas de dogma, todas regresan a una misma verdad: somos capaces de mucha más conexión y compasión de la que la vida moderna nos deja recordar.
El amor incondicional, la sabiduría y la compasión no son ideales blandos. Son la manera en que una persona llega a conocer su propio valor — y en que una comunidad despierta a todo lo que se vuelve posible cuando nadie queda fuera del círculo.
El bienestar de ningún ser está separado del de otro. La armonía entre todos los seres — humanos, animales y la Tierra — no es una aspiración. Es nuestro estado natural, esperando a ser recordado.
Este es el equilibrio del Divino Femenino y el Divino Masculino: ninguno exaltado por encima del otro, ambos moviéndose en simbiosis—una relación cercana y a largo plazo basada en intercambios mutuamente beneficiosos entre dos especies diferentes.
La simbiosis es nuestra medida. Ni caridad ni competencia — sino una forma de vivir en la que cada parte fortalece al todo, y nadie prospera a costa de otro. Donde la simbiosis es real, el florecimiento llega para todos.
Y al vivir de esta manera, algo se recuerda: la divinidad que ya habita en cada uno de nosotros. La autorrealización de esa divinidad, y la verdadera simbiosis entre todos los seres, son los sellos de la vida que estamos construyendo juntos.
La mayoría de los sistemas funciona con la escasez — organizaciones, familias y personas enfrentadas entre sí por recursos y apoyos limitados.
Nosotros estamos construyendo otra cosa. Los recursos fluyen hacia donde la necesidad es mayor. Nadie se queda afuera de la puerta. La meta es la abundancia y la alegría para todos — no la victoria de unos pocos.
La empatía y la compasión no son la excepción que esperamos.
Son la norma con la que vivimos.
La sanación se mueve en círculos, no en líneas rectas. Cuando una persona sana, sana una familia. Cuando una familia sana, sana una comunidad. Y cuando las comunidades se mueven en armonía, el todo se eleva — las personas, las criaturas con las que compartimos esta Tierra, y la Tierra misma.
Únete. Ven a sanar, a aprender y a construir con una comunidad que sostiene tu bienestar y el de tu prójimo como una sola cosa.
~ Nestor
Conecta con tu alma, recibe amor incondicional y únete a la familia.